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jueves, 29 de diciembre de 2011

Verde.

-¿Te has dado cuenta? Hoy tiene los ojos más verdes.
-Eso le pasa cuando está contenta.
-Y ¿en qué piensa?
-En que la quieres. Desde hace tiempo sólo está verde cuando siente que la quieren.
-Pero yo la quiero todos los días y no siempre tiene los ojos así, brillantes y bonitos.
-Es que... tiene el aparato de sentir roto y a temporadas no le funciona. 

miércoles, 22 de junio de 2011

Fin del cuento.

"Abrió los ojos. Un esquema conocido se repitió: el dolor de mandíbulas, la sensación de agarrotamiento en el brazo izquierdo, el cuchillo en el derecho, la chica abierta en canal sobre la cama...

Había perdido. Otra vez."

FIN

-Espera, espera, ¿estás seguro de que acababa así? Y ¿qué pasa con ella?
-¿Ella?
-Sí, ella:


"Abrió los ojos: no reconoció el techo blanco y sonrío recordando la noche anterior. Giró la cara y vio a su amador con un cuchillo ensangrentado en la mano. Tuvo miedo. Temió qué pudiera ocurrir. Se llevó la mano al vientre y tocó sangre. Y algo de tripas. Suspiró. Ya había ocurrido. Se irguió un poco y observó que, además del consabido destrozo ventral, tenía cortes profundos en el pubis, en las muñecas y en el pecho derecho. Mientras él miraba su cuerpo y se culpaba, ella repasó mentalmente dónde había guardado las agujas y el hilo. Iba a costarle mucho coser aquello."

sábado, 12 de marzo de 2011

Dijo: -No, yo no escribo - Y la cara se le tintó del rojo de la vergüenza-.

Vino de un mundo donde la diferencia era una virtud a otro donde todo el mundo hace las mismas cosas y es malo creerse bueno.

martes, 25 de enero de 2011


Si a mí me hubiesen dicho estas cosas antes pues seguramente hubiera hecho lo mismo. Colocarme la soga yo misma, digo. Tengo tan interiorizado el verbo luchar que sólo se hacer eso. Y en oleadas vienen las dudas y se echan para atrás y otra vez y empiezo a parecer una de esas duchas de pies que asoman entre la marea (cuando sube) en esas playas estrechas de última generación. 
Y así pasamos los ratos, los interrogantes pintándome de colores (con mejor o peor gusto) la habitación y yo limpiando los rodillos sucios en el grifo de la cocina. Sin glamour, sin certezas, ocupando los ratos de soledad, sabiendo que no hay respuestas y que el error no es cogerte la mano sino aferrarme a ella. Diferencias de matiz. Siempre el matiz.