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domingo, 20 de febrero de 2011

Apareces y estás aquí. Casi podría alargar el brazo y tocarte. Casi. Aunque me atreviera, mis dedos chocarían contra la pantalla. Una y otra vez. Es un sonido que reconozco. 
¿Cuánto hace ya? Un embarazo de elefante y dos veranos de San Martín. No logro distinguir entre lo que quiero, lo conveniente y lo que hago. Casi nos bastaba el tiempo y parecía que siempre nos sobraba. 
No sé a qué vienen estas lágrimas y porqué se me quedan cortos los minutos. Es lo mismo. No te quedas o no me quedo. Hay alguien que se va y se reinicia la espiral. ¿Dónde nos veremos la próxima vez?
¿Quién hará de ti en próximos episodios? ¿Quién hace de mí cada vez que me marcho? 
Nuestra vida fue escrita por algún autor amargado. Tuvo que ser escrita por algún mamón con pintas. Nunca salimos en el mismo cuadrante. 
Siempre casi llegando. Sobreviviendo a base de casis. Querer ser importante y serlo. Querer ser menos importante y conseguirlo. Viajar al pasado y traerlo al presente. Infinitivos llenos de referencias que se desvanecen y será que nos queda eso. Un puto hilo que nos enganchamos en la muñeca y se va deshaciendo cada día al besar y seducir, al viajar, al trabajar, al dormir y al cocinar. 
Ya no sé si te echo de menos demasiado pronto o demasiado tarde.
Tampoco si te echo de menos.
Creo que ya no sé.
Simplemente.

martes, 1 de febrero de 2011

Tengo frío en la nariz. Y en la calle no dejan de gritar. 

Es de noche.

Tengo frío y miedo. Pero sobre todo soledad.


martes, 11 de enero de 2011

Nieblas y ríos

Cuando el Danubio se enfada, le hierven los átomos de agua y los alrededores se llenan de niebla. Caminar esas noches tiene algo de mágico, de anglosajón y de innecesario. A mí me gusta sobre todo por lo último. Cuando extiendo el brazo y no alcanzo a verme la mano, me siento invisible.
 
La niebla del Danubio es densa, como un caldo de pollo al que también le han echado ternera. Nadie se atreve a andar muy rápido o a gritar muy alto esos días. La niebla del Danubio es como la nieve: para el tiempo.

El Danubio es tan largo que no se ve su fin, como la niebla que produce. Uno intenta imaginar donde acabará, quizá la siguiente calle, quizá la siguiente ciudad… Es tan densa que uno no sabe qué es niebla y qué cielo. Todo lo mismo. Uno puede subirse al edificio más alto de Ruse o a la cima de la montaña más cercana, da igual, lo único que se ve es niebla. 

martes, 2 de noviembre de 2010


"Una cosa curiosa que hace 4 años
tuvimos una profesora de Zaragoza,
pero se llamaba Ana,
sin t."

Poesía desde Ruse, Bulgaria.